LA HIGIENE VITAL, AUTOGESTION DE LA SALUD 2

higiene vital

En el anterior artículo analizamos que el poder de curación es una manifestación de la ENERGÍA VITAL inherente al propio organismo. El cuerpo humano es un conjunto de órganos agrupados en aparatos o sistemas. Los órganos están formados por tejidos y éstos por células. El número de células humanas se cifra en 100 cuatrillones que se renuevan al ritmo de 50 millones por segundo. Las células son la unidad de vida más pequeña y poseen su propia vida, como ocurre en los animales unicelulares: absorben oxígeno y alimentos (minerales, glucosa, lípidos,…) que reciben por la sangre y la linfa, respiran, se multiplican, consumen y producen energía, producen desechos tóxicos (que por eso se llaman «toxinas») que se eliminan.

Estos desechos deben obligatoriamente ser excretados fuera de la célula, y a través de la sangre y la linfa llegan a los órganos excretores (hígado, riñones,…) que los expulsan fuera del organismo con la orina, sudor, heces,… El papel de cada célula es realizar su propio ciclo de vida, con la condición de que su medio de vida sea favorable.

Se ha demostrado científicamente en laboratorio que las células animales viven poco con un aporte nutritivo deficiente en un medio contaminado o no renovado, pero se las puede mantener en vida por larguísimo tiempo y oponerse a su envejecimiento si se renueva regularmente el medio nutritivo de manera que elimine los desechos o toxinas provenientes del propio metabolismo de la vida de las células. Esta experiencia muestra el papel importante de las toxinas cuando no pueden eliminarse ya que contaminan su medio ambiente, y entonces, las células, obligadas a vivir en un medio tóxico se alteran, degeneran y mueren. Es decir, si las condiciones ambientales son perfectas, las células pueden renovarse muchas veces y no hay degeneración. Esta idea se puede aplicar en el cuerpo humano para evitar el envejecimiento precoz, promover el rejuvenecimiento del organismo y prevenir enfermedades. La intoxicación del medio de vida de nuestras células se llama TOXEMIA que puede ser interna, o sea, proveniente del metabolismo normal de las células (no son capaces de expulsar sus propios desechos tóxicos o toxinas), o de origen externo. Muchos productos externos al organismo pueden intoxicar la sangre y la linfa y llegar a las células: – Polución química atmosférica con millares de venenos nocivos. – Productos tóxicos como alcohol, tabaco, café, drogas, … – Carnes y pescados que, aparte de sus sustancias nocivas propias (tomaínas,…), contienen contaminantes externos (tóxicos atmosféricos, química de la agricultura convencional,…) y añadidos (antibióticos, clembuterol, …).- Las malas combinaciones alimentarias, que originan fermentaciones y putrefacciones intestinales, que a su vez dan origen a desechos metabólicos anormales tóxicos que pasan a la sangre y al cuerpo. – Los venenos utilizados por la agricultura convencional ( abonos químicos, pesticidas, …) los cuales matan la tierra y pasan a los humanos. – Los aditivos químicos empleados en la industria alimenticia que desnaturaliza y degenera los alimentos hasta convertirlos en comestibles muertos: conservantes, colorantes, … ( varios son cancerígenos).- Mención especial para la maligna energía nuclear y la ingeniería genética en alimentos transgénicos que puede llevar a la «civilización» a un holocausto genético. Una toxemia normal puede ser eliminada sin dificultad por los órganos previstos para ello con la condición de disponer de una ENERGÍA VITAL suficiente. Esta es imprescindible para asegurar el buen funcionamiento de la nutrición y expulsión de toxinas de cada célula y nuestro cuerpo en general. Nuestro organismo será fuerte o débil según la cantidad de ENERGÍA VITAL disponible a cada instante. Puede ocurrir que sea insuficiente para asegurar el funcionamiento normal de todas las funciones vitales del cuerpo y, al mismo tiempo, hacer frente a situaciones anormales ( frío o calor excesivo, tensiones físicas o psíquicas excesivas, …); entonces se llega a un estado de reducción de la ENERGÍA VITAL llamado ENERVACIÓN. Esta proviene siempre de un modo de vida antifisiológico, en contradicción con las leyes naturales que rigen nuestra vida. Su consecuencia inmediata es la disminución de las funciones vitales del organismo, sobre todo la FUNCIÓN DE ELIMINACIÓN de desechos tóxicos internos y toxinas externas. Entonces, la cantidad de toxinas el interior del organismo aumenta. Sin embargo, nuestra INTELIGENCIA BIOLÓGICA INTERNA no admite que las funciones capitales disminuyan más allá de un cierto grado. Las toxinas no eliminadas pueden aumentar hasta un cierto nivel, pero no mas; a este nivel se le llama umbral de tolerancia toxínica; más allá de él se produciría un envenenamiento que provocaría la destrucción de las células. Si el estado de enervación es temporal se producen compensaciones entre órganos; por ejemplo, la piel puede aumentar su excreción de sudor para ayudar al trabajo de los riñones en la expulsión de toxinas. Pero si la persona sigue con sus malos hábitos de vida que han originado la enervación, la posibilidad de compensar disminuye. Para no sobrepasar el peligroso umbral de tolerancia toxínica el cuerpo moviliza entonces toda la energía de que dispone, «retirando» la energía que se destina normalmente a funciones no vitales, y es por esta razón que se producen síntomas comunes como sensación de fatiga, pérdida del apetito (la función digestiva consume muchísima energía ), estreñimiento, … ahorrando esa energía que será utilizada en las FUNCIONES DE ELIMINACIÓN, y para centrarse todo el cuerpo en esto provoca lo que se llama una CRISIS DE ELIMINACIÓN, que viene a ser lo que los médicos llamamos ENFERMEDAD. Por tanto, la enfermedad es una acción espontánea instintiva del organismo para deshacerse de su toxemia a través de los órganos adaptados para ello (riñones, intestino, piel, hígado, mucosas). La crisis de desintoxicación son los síntomas comunes que conocemos: resfriados, expulsión de flemas, erupciones cutáneas, inflamaciones de mucosas ( faringitis, bronquitis, sinusitis, amigdalitis, …), caspa, seborrea, tos, fiebre ( que es muy benéfica), … La enfermedad aguda es un fenómeno natural y benéfico, cuyo fin es el restablecer el equilibrio de las funciones vitales, por medio de una autolimpieza del organismo que rebaja la toxemia a un nivel tolerable. Sin embargo, la reacción habitual es suprimir esos síntomas. Así, nos oponemos al esfuerzo del organismo para eliminar un estado toxémico que tendía a volverse peligroso. Y si el esfuerzo natural de desintoxicación está impedido, el cuerpo está obligado a «arreglarse» con la toxemia; entonces se llega a la ENFERMEDAD CRÓNICA: enfermedades degenerativas crónicas (diabetes, artrosis, cirrosis, gota, hipertensión, caries, …), ulceraciones, cáncer, trastornos mentales, … todas las cuales no se deben a los microbios y no se dan en ningún animal del planeta que viva en libertad ni en los pueblos » marginales» aislados de la «civilización». Con los tratamientos supresores de los síntomas, al cortar la crisis aguda, lo que hacemos es obligar al organismo a admitir y vivir con más toxinas, creando un medio celular más tóxico, lo que a mediano o largo plazo causará una degeneración de las células y del cuerpo. El que los síntomas desaparezcan se debe al aumento del umbral de tolerancia toxínica (ordenado por la FUERZA CURATIVA NATURAL propia del organismo) que sobrepasa el nivel de toxemia. Por tanto, la enfermedad crónica es incompatible con el estado de salud y peligrosa para el organismo que corre el riesgo de destruirse y morir. Como el enfermo sigue con su modo de vida insano, la toxemia continua aumentando y vuelve a sobrepasar el nuevo umbral de tolerancia, y el estado de enervación sigue. El cuerpo provoca entonces mini-crisis de desintoxicación para bajar la toxemia un poco por debajo del nuevo umbral de tolerancia admitido (que ya es demasiado elevado y tendría que estar en un nivel muchísimo más bajo). Al no comprender que el papel de la «enfermedad» es el de disminuir la toxemia, habrá recaídas y supresiones sucesivas de los síntomas hasta que el organismo no pueda variar ya más su umbral de tolerancia toxínica; entonces, el medio celular se hace muy insuficiente para el buen funcionamiento de las células, y el cuerpo va decayendo en lo que se llama enfermedad crónica primero, y luego en la enfermedad degenerativa, con deterioro de tejidos, órganos y aparatos (o sistemas) y al final se llega a un decaimiento generalizado que da lugar a la muerte prematura. Pero este proceso no es irreversible, sea cual sea la fase en la que esté el enfermo. La evolución fatal se puede generalmente evitar con la condición de que la situación de enervación persistente sea aminorizada y, si es posible, parada. Es necesario comprender bien esta idea; cuando la ENERGÍA VITAL se regenera, nuestra INTELIGENCIA BIOLÓGICA INTERNA (que representa a la FUERZA VITAL) dedica ese acrecentamiento de la ENERGÍA (energía extra, causada por la disminución de la enervación) a utilizarla en la importantísima FUNCIÓN DE ELIMINACIÓN ( de desechos y tóxicos) provocando un descenso rápido del umbral de tolerancia toxínica, que dará lugar a una crisis de desintoxicación. Es necesario comprender bien que la vuelta a la salud pasa obligatoriamente por estas crisis de desintoxicación, es decir, por un recrudecimiento de los síntomas de la enfermedad. En el próximo número finalizaremos este artículo comentando las medidas a tomar en caso de «enfermedad».

Juan José Núñez Gallego . Médico e Higienista . Vigo