Higienismo y Medicina Holística : volver a vivir

higienismo

El Higienismo es una ciencia que define las enseñanzas de los Maestros, el mensaje sutil de todas las civilizaciones anteriores a la época presente, la sabiduría ancestral de los pueblos antiguos y el mensaje sublime de todas las religiones (no se refiere a los fundamentalismos, ni a los mensajes tergiversados que hoy se proclaman).

La salud verdadera, es decir, la Salud Natural, tiene relación directa con unas Leyes Universales que rigen el planeta en lo que se refiere a las condiciones ideales para que la vida humana pueda desarrollarse con una salud vibrante durante toda la vida del ser en armonía consigo mismo y con la Naturaleza.

Nuestra lucha contra los microbios

La medicina oficial nos ha hecho creer que la enfermedad es algo negativo que se debe suprimir rápidamente y que los microbios son los causantes de las enfermedades. Debemos recordar que en el presente las tres causas más frecuentes de muerte en el mal llamado mundo civilizado son: corazón, cáncer y carretera; curiosamente ninguna de ellas está producida por microbios.

Fue a mediados del pasado siglo, hace sólo unas décadas, cuando se inventó el microscopio y con el se divisaron unos seres diminutos que se denominaron microbios. Estos eran especies diferentes y en cada enfermedad aparecían unos característicos. Entonces la clase médica imperante en esa época creó un dogma: «Ya que aparecen una clase de microbios con cada enfermedad, hemos descubierto que el microbio es la causa de ella».

Así nació la medicina moderna y oficial que revolucionó todo lo bueno que se conocía de las medicinas antiguas.

Una clave para entender lo expuesto hasta ahora es tener consciencia de un factor de error: nuestra pobre capacidad de auto crítica. Este defecto nos lleva a culpabilizar de nuestras equivocaciones y de nuestros vicios a alguien o algo que no seamos nosotros mismos. Con esta actitud, en vez de enfrentarnos a nosotros mismos nos resulta más cómodo sentirnos víctimas que merecen atención y lástima. Y el papel de verdugo se lo hemos adjudicado a los microbios, los cuales, no pueden defenderse de nuestras acusaciones.

Nacimiento del Sistema Defensivo o Inmunitario

Para estudiar y entender los verdaderos factores que causan las enfermedades humanas, debemos comprender bien el sistema inmunitario, uno de los más antiguos y básicos sistemas biológicos que existen y que poseen todos los seres vivos desde los más simples a los más complicados.

Su aparición es simultánea a la misma vida orgánica sobre el planeta, hace dos o tres mil millones de años, cuando por azar o siguiendo un mandato secreto, unas moléculas orgánicas e inorgánicas empezaron a reaccionar entre sí uniéndose o separándose, según sus afinidades físicas y químicas en algún lugar de la tierra o del mar; así, hasta que en algún momento de la noche de los tiempos, algunas de aquellas moléculas lograron asociarse y formar el primer conglomerado físico-químico el cual era capaz de existir separado del medio que lo rodeaba; había nacido el primer ser vivo. Y esa propiedad recién adquirida, que le permitía la separación del medio hostil y que le permitía convertirse en un ser individual, era el primer sistema defensivo o inmunológico que había creado la vida.

Se formaron las primeras células cuyos rudimentarios sistemas inmunológicos tendrían a partir de entonces millones de años para irse perfeccionando y así dar nacimiento a especies más evolucionadas con sistemas defensivos más sofisticados. De esta forma a lo largo del tiempo fueron apareciendo toda la variedad de especies que han habitado este planeta.

Durante toda la historia, desde los seres más primitivos como virus y bacterias hasta los más complejos como los mamíferos y el ser humano, todos hemos vivido juntos gracias precisamente a nuestros sistemas inmunológicos, los cuales siguen guardando la individualidad biológica de los distintos seres vivos entre sí y de éstos con el medio que les rodea.

Los humanos poseemos una variedad enorme de especies microscópicas viviendo al lado y dentro de nosotros en un estado de salud y equilibrio. Esta convivencia íntima es beneficiosa para nosotros y para ellos; hasta tal punto es así que si esterilizamos a una persona completamente padecería graves problemas de salud y moriría. Es decir, hace millones de años que en este planeta vivimos juntos todos: virus, bacterias, hongos, invertebrados, vertebrados y humanos formando una gran familia biológica. Los más antiguos y menos evolucionados son precisamente nuestros abuelos lejanos: los virus y bacterias, que fueron los primeros en colonizar el planeta; los demás llegamos después poco a poco.

Cada nuevo avance, cada paso evolutivo, cada nueva especie, era la culminación de esfuerzos y pruebas que la fuerza de la vida hacía a través de miles de años para crear seres cada vez más perfeccionados, más complejos.  Esto es así hasta el punto que las especies actuales están perfectamente adaptadas a vivir su vida completa en las condiciones actuales del planeta. Y sólo sucumben por efecto de cambios bruscos motivados por alteraciones tóxicas, depredación exagerada o hecatombes naturales no muy frecuentes como terremotos o meteoritos que chocan con el planeta.

Sin embargo, los humanos y su «tecnología» se han convertido en un elemento capaz de generar esas condiciones; y esto ha ocurrido en un corto periodo de tiempo que no ha sido suficiente para que el cuerpo humano se adapte a esas condiciones de «antivida«. Así, el humano ha sido capaz de exterminar varias especies milenarias y es una gran amenaza para las especies que sobreviven y para el mismo. Los métodos del humano para este exterminio son equivalentes a grandes catastrofes: uso de productos químicos, herbicidas, insecticidas, … que han motivado la castración química de especies milenarias que no estaban preparadas para estos venenos y han desaparecido.

La moderna tecnología y la industria del último siglo han supuesto una de las mayores hecatombes biológicas de la historia del planeta. Las aberraciones de la industria alimentaria, industria química (agroquímicos, …), biotecnología (transgénicos), la complicidad de los gobiernos con las multinacionales, la anestesia mental del «homo sapiens occidentalis«, el instinto atrofiado, el paladar tergiversado, la televisión, la alienación mental y la falta de amor. Todo ello en conjunto comporta la verdadera causa de las enfermedades en occidente. ¡Qué pena! Pues lo natural del ser humano sería estar sano, no enfermo, como están sanas todas las especies de animales del planeta que viven aún en su hábitat natural no contaminado por el humano; es decir, no me refiero a los animales que tenemos domesticados o en circos. Los animales libres en la naturaleza no sufren de obesidad, diabetes, infartos, gota, esquizofrenia, etc.

Vix Naturae Medicatrix. Hipócrates

Nosotros aún disponemos de lo que hace dos mil años Hipócrates llamó «Vix Naturae Medicatrix«, es decir, la Fuerza Vital Natural, que significa la existencia de una fuerza en el interior del cuerpo o sabiduría interna innata, que logra que nuestro ser se mantenga sano en todo momento en equilibrio con los demás seres del planeta, tanto si son visibles como microscópicos. Tal fuerza vital natural es lo que correspondería en el presente al denominado Sistema Inmunitario o Defensivo. Recordemos que Hipócrates expresó la Ley Natural Universal de auto curación con sus frases:  «La fuerza vital natural que todos llevamos dentro es lo que nos mantiene sanos«, «Que tu alimento sea tu medicina y tu medicina sea tu alimento«.

Si disminuimos o anulamos nuestro sistema inmunológico o fuerza vital, enfermamos y morimos prematuramente. Y esto es precisamente lo que estamos haciendo cuando comemos comestibles muertos, desnaturalizados, contaminados con productos químicos procedentes de una agricultura intensiva; igualmente, al ingerir una alimentación no apta para nuestro cuerpo no acorde con nuestra anatomía, fisiología y psicología. Desde estos tres puntos de vista, no somos carnívoros por naturaleza e incluso hay pruebas anatómicas y fisiológicas que parecen indicar que somos frugívoros.

Estamos muy lejos de la nutrición ancestral natural del ser humano. Al igual que les ha pasado a las vacas («enfermedad de las vacas locas») por obligarlas a comer una alimentación no fisiológica (carne y pescado, cuando realmente son vegetarianas), los humanos sufrimos de enfermedades y muerte prematura por comer algo para lo que no estamos adaptados fisiológicamente. Para mayor desgracia no combinamos bien los alimentos; es decir, infringimos la regla básica fundamental de no mezclar un hidrato de carbono o almidón con una proteína animal en una misma comida. Al no aplicar la ley de las compatibilidades se genera en el interior de nuestro cuerpo fermentaciones y putrefacciones que causan toxemia, enervación y numerosas enfermedades. Además, comemos pocos vegetales comparado a la cantidad de proteína animal que ingerimos. Recordar que nosotros somos crudívoros por naturaleza (no hemos nacido con cocinas bajo el brazo). El 75% de lo que ingerimos cada día, deberían de ser alimentos crudos.

Anulamos o disminuímos también nuestra Vix Naturae Medicatrix al respirar un aire contaminado. Además, no sabemos respirar de manera completa o integral (respiración yóguica), ni realizamos un mínimo de ejercicio: andar es de lo más natural que puede hacer el ser humano. Tampoco descansamos lo necesario y en su momento: la noche es para dormir.

Cuando construimos nuestras viviendas sobre alteraciones telúricas (fallas de terreno, venas de agua, …) o al lado de líneas de alta tensión, o incluímos en nuestras casas demasiada contaminación electromagnética, todo ello perturba nuestro sistema inmunológico y nos hace enfermar prematuramente. Los antiguos zahoríes o geomantes poseían la sabiduría de elegir dónde y cómo edificar sus viviendas. Hemos perdido esa natural esencia de saber dónde debemos habitar. Incluso existen casas «cáncer«, es decir, donde sus moradores y descendientes han sufrido cánceres a causa de su hábitat insalubre. La Medicina del Hábitat  (Radiestesia y Geobiología), imitando a los antiguos geomantes, diagnostican y tratan las alteraciones de la salud causadas por un hábitat insano.

Igualmente, el pensamiento malo o negativo, el estrés, el odio, el no saber perdonar y la falta de verdadero amor condiciona nuestra Vix Naturae Medicatrix, nos hace perder nuestra identidad biológica psicofísica que significa hoy día perder los sublimes valores que anhela toda persona: la dignidad, la libertad verdadera y la verdadera felicidad. Éstas, y no otras, son las verdaderas causas de la enfermedad, dejando aparte algunas excepciones (accidentes de tráfico, …).

La Medicina Higienista

Nosotros, en Occidente, con todos los médicos y hospitales de que disponemos estamos inmersos en multitud de enfermedades, muchas de ellas denominadas de forma vergonzosa y a la vez científica «enfermedades degenerativas de la civilización». El médico higienista contempla una visión integral del ser humano, una perspectiva holística, es decir, ver la persona como un conjunto formado de cuerpo y alma (o espíritu) y/o mente en total armonía y en conexión sutil con el Universo. La medicina higienista recuerda a la persona que su dolencia es consecuencia de un alejamiento de las leyes naturales universales y que cuando acude a un médico alópata o naturista para obtener la prescripción de un fármaco químico o natural o un complemento dietético sin cambiar su conducta, alimentación y hábitos de vida, se está auto engañando.

El higienista basa su consulta en educar a las personas hacia una nutrición natural y fisiológica; enseña y demuestra que somos vegetarianos por naturaleza. El Higienismo se caracteriza por las dietas depurativas y los ayunos terapéuticos para disminuir la toxemia corporal acumulada a través de los años y ya desde el primer día de vida. Esto sería la base de la terapia hacia el cuerpo, aunque es posible también recetar complementos dietéticos en la línea de la medicina ortomolecular y apoyarse en terapias complementarias como la hidroterapia de colon.

Sobre la mente psique, espíritu o alma, se recuerda que existen métodos de crecimiento personal tanto en la línea oriental: yoga, zen, meditación, relajación,Vipassana, … como occidental: método Silva, el Proceso Hoffmann de la cuadrinidad, … para ayudar a gozar de verdadera paz, verdadera armonía y verdadera felicidad, para salir de la ignorancia que nos aqueja, para acercarnos a la verdadera medicina del alma: el Amor, pero no el amor egoísta individualista, interesado o mercantilizado, sino el Amor Universal.

Resumiendo, todas las religiones en su mensaje sublime proclamaban su esencia: la medicina para el cuerpo y para el alma se hallaban en la oración y el ayuno (Occidente, religión judeo-cristiana) o meditación y ayuno (Oriente, budismo, mahometismo). La oración o meditación como la medicina sublime del alma y el ayuno como la medicina sublime del cuerpo.

No hay nada nuevo bajo el Sol. No nos engañemos ni nos dejemos engañar por falsos profetas. Cuidemos nuestro cuerpo, el templo del espíritu.

«Procúrate la satisfacción de matar tus vicios antes de que tus vicios te maten a ti» . Séneca.

JUAN JOSÉ NÚÑEZ GALLEGO .  Médico – Higienista . Vigo