ANOREXIA Y BULIMIA

anorexia y bulimia

 

La anorexia consiste en una delgadez extrema por ayunos o dietas radicales mal asesorados y mal realizados. La bulimia consiste en ataques de apetito voraz, pero tratan de expulsar lo comido mediante el vómito forzado o laxantes, para seguir controlando el peso. Ambas son trastornos psíquicos de la alimentación: su causa fundamental está en la mente. En la anorexia el paciente tiene el deseo de disminuir el peso sin tener conciencia de que el cuerpo adelgaza cada vez más, y de mantener el hambre como manía. En la bulimia es frecuente atesorar comestibles, y es frecuente mantener un peso normal porque, pese a los vómitos, las comidas son desmesuradas (varias cajas de bombones, muchos pasteles, …), pero surge mucho sentimiento de culpabilidad; entonces viene el vómito, y así se inicia un círculo vicioso que trastorna la vida. Ambas, anorexia y bulimia, se dan conjuntamente a menudo.

 

La mayoría de enfermos son mujeres (95%) de 12 a 30 años. Suelen ser enfermedades crónicas con crisis frecuentes y, a veces, con un desenlace mortal. La piel se hace áspera y dura. Los brazos y piernas están fríos y pálidos. El sueño está perturbado. Hay alternancia entre la sensación de hambre y la sobrecarga de alimentos: hasta 10 veces diarias (bulimia). Se trastornan funciones fisiológicas importantes. Hay tendencia a las convulsiones, a la osteoporosis (falta de calcio en los huesos) y a la formación de cálculos. Hay pérdida de las reglas o éstas son irregulares. Surge el estreñimiento.

 

Es muy importante destacar que casi en la totalidad de casos estos trastornos han sido provocados por estados anímicos (psíquicos) negativos, aunque paradójicamente hay que hacer notar que las muchachas anoréxicas son, en su mayoría, inteligentes y tienen buena memoria, pero también es verdad que les falta la originalidad, la fantasía creadora y no tienen juicios o posturas propias; dominan la precisión, pero carecen de un pensamiento independiente. Después, con el creciente adelgazamiento se va reduciendo la concentración, atención y la memoria, y entonces, cuando la enfermedad lleva bastante tiempo, surgen el aturdimiento y las obsesiones, como, por ejemplo, hacer listas de alimentos ordenados por cantidad de calorías o inventar dietas. Tienen una habilidad especial para justificar el rechazo a la alimentación.

 

La conciencia de las pacientes, abandonadas a sí mismas, se halla como anestesiada. Las chicas notan que en la conversación no son capaces de expresar una opinión personal, no pueden decidir qué es bueno o malo, qué es importante o insignificante; pierden la seguridad y les falta la orientación; no son capaces de hacer relaciones sociales nuevas ni mantener las antiguas. Se llega a una situación de grave aislamiento. Tienen un ánimo indiferente, depresivo o resignado con sensación de desconcierto y desamparo. Los vómitos provocados se hacen frecuentes. Luego viene el anhelo a la muerte, con ideas de suicido.

 

Se dice que existe una predisposición psíquica para estas enfermedades, pero también hay que tener en cuenta las condiciones particulares de la «cultura» y «civilización» en que vivimos (¡o sobrevivimos!), así como igualmente particularidades familiares y hereditarias. Se sabe que la enfermedad aparece de repente: de un día para otro. El último suceso de una cadena de factores psíquicos predisponentes («la gota que colma el vaso») es ocasional: un artículo de revista sobre curas de adelgazamiento, una dieta prescrita a la chica, la pérdida de una amiga íntima, un viaje de vacaciones a un lugar con unas características totalmente nuevas, etc. A partir de aquí hay algo que empieza a desmoronarse en la forma de vida creada por la chica con tanto esfuerzo y mantenida hasta entonces en un equilibrio débil. Estalla una catástrofe para la chica y sus padres, y ella queda abandonada a este proceso negativo sin ningún amparo. En el caso de la bulimia a veces disimulan durante años sus prácticas vergonzosas, lo cual multiplica más el desánimo depresivo. Un punto a destacar es el influjo de las ideas. Así, la belleza femenina está en relación íntima con el ideal de la delgadez. La televisión y el cine han contribuido a ello. En esta mal autodenominada «civilización», maleducada, desinformada, desnaturalizada y contaminada, lo que prima es la imagen externa sobre los valores internos, el «tener» sobre el «ser». Resaltar los condicionamientos familiares: resulta que en las mismas familias se encuentran ya anoréxicas, cuadros depresivos, o tienen algo que ver con el alcoholismo o toxicomanía. Frecuentemente, el padre o la madre son compulsivos, o el padre muy escrupuloso. En casi todas las familias se da con frecuencia la sobreprotección del hijo (negativo a la larga para éste), dificultad en la superación de los problemas, inseguridad, se da más importancia al cumplimiento de los deseos materiales, a menudo hay problemas matrimoniales, … Entre los miedos inculcados a sus hijas en ese período crítico (1-12 años) se halla el miedo al gran cambio que se da en la pubertad: de niña a mujer, con las señales femeninas de identidad.

 

En el presente, es en las técnicas de psicoterapia basadas en la psicología humanista o transpersonal (sería el equivalente a la psicología «alternativa», igual que existe la medicina «alternativa») donde hemos conocido la importancia transcendental que tiene la educación y el ambiente familiar ya desde el nacimiento y hasta los 12-13 años de edad. Es en este período donde se adquieren los llamados condicionamientos negativos de la infancia (ira, gula, soberbia, falta de autoestima, inseguridad, …) que son los que plasman la personalidad negativa en la era adulta (neurosis, agresividad, depresión, …). Es decir, nuestros padres son los culpables más importantes de que hayamos adoptado patrones de conducta negativos, aunque ellos, a su vez, los hayan también adoptado de sus padres: es una cadena de negatividad que se transmite de generación en generación («los pecados de los padres recaerán en los hijos», es una frase bíblica).

Sobre prevención, lo ideal es descubrir ya esta tendencia en la edad infantil y escolar: cosa imposible en el sistema médico actual. La reforma del estilo educativo familiar es igualmente imposible, pues lo que haría falta es crear escuelas para padres. Estos no comprenden la enfermedad de la hija. Muchas veces es la búsqueda del sentido de la vida la esencia del problema y no valen de nada consejos sobre la cantidad de comida, calorías, peso conveniente, …

 

La terapia comienza por informar a los padres de la enfermedad. Muchas veces hay que sacar a la chica de su medio habitual. Es más importante la terapia psicológica a la paciente que hablar de comidas y dietas, aunque está claro que una dieta sana y natural (higienista) influirá positivamente en la enfermedad. La psicología no debe basarse en teorías y conversaciones, ni en reglas prescritas, sino en crear un terreno de cordialidad y amor. La psicología humanista-transpersonal es la que más tiene que decir en esto. El anestesiar mentalmente a la chica con pastillas sólo es un parche. Sin embargo, muchas veces es necesario una terapia intensiva radical que debe hacerse en una clínica, pues exige vigilancia. Es importantísimo conseguir una tranquilización física de la persona mediante curas estrictas de sueño o reposo. Sólo en casos de graves depresiones con peligro de suicidio se emplean fármacos alopáticos (psicofármacos), pero como terapia permanente han resultado inútiles.

El pronóstico (la evolución de la enfermedad) depende del comienzo del tratamiento. Cuanto mayor sea la paciente, peor será el pronóstico.

Resumen: Se consideran enfermedades de la «época» y de la «civilización», donde influyen la herencia y el entorno familiar (entre el nacimiento y los doce años). Por desgracia, no hay centros oficiales públicos especializados seriamente en tratar a estas pacientes. Podríamos decir que es otra factura que nos pasa la Naturaleza por el modo de vida contra natura, por existir unos padres que no han sabido educar a sus hijos y por un entorno alienante.

El sistema médico oficial no quiere, ni debe, ni sabe prevenir estas enfermedades ya que él mismo está integrado en un sistema corrupto.

Igual que las demás enfermedades degenerativas modernas, éstas van en aumento y sólo mediante un enfoque integral, holístico, basado en la psicología humanista transpersonal, acompañado de directrices naturales, se halla el buen camino, pero, largo, de la solución.

Desde el punto de vista higienista lo que llamamos enfermedad no es más que la representación del índice , muy elevado, de intoxicación interna, de toxemia, a causa de la alimentación antifisiológica, degenerada, contaminada y excesiva, de la pobre oxigenación y deficiente respiración, de la vida antinatural que se ejerce (vida sedentaria, …), y de los envenenamientos que sufrimos (química, energía nuclear, alcohol, drogas legales e ilegales, …). El cuerpo utiliza, en condiciones normales, las vías de eliminación de toxinas más comunes: orina, intestino, piel (sudor), hígado. Pero al disponer de escasa Energía Vital, ya que la digestión de la antinatural y muy excesiva ingesta de alimentos necesita ya de por si sola una gran cantidad de dicha Energía, el cuerpo puede recurrir a vías de eliminación de la toxemia extraordinarias, como puede ser la vía genital, intensificando la cantidad de sangre menstrual expulsada. Cuando las mujeres con excesiva toxemia se replantean su vida y corrigen las verdaderas causas que originan sus enfermedades, la Inteligencia Biológica interna que existe dentro de cada cuerpo decide que ya no es preciso la vía genital, la menstruación, por lo que ésta disminuye notablemente, o incluso llega a desaparecer si se cambia a una nutrición muy sana y durante cierto tiempo.

Así, es fácil entender la causa que origina la suspensión de la menstruación en las mujeres anoréxicas: sin ser conscientes de ello, al realizar ayunos voluntarios, le dan la oportunidad al cuerpo para desintoxicarse, utilizando la «Energía Vital» para expulsar tóxicos almacenados tras años de alimentación errónea en lugar de usarla en el trabajo de la digestión de los alimentos. Cuando la toxemia baja, la vía extraordinaria de eliminación ya no es precisa, la menstruación desaparece, y se siguen utilizando otras vías. Sorprendentemente, en la anorexia, y mientras no se haya llegado al estado de agotamiento total de las reservas (en la fase avanzada de enfermedad), estas mujeres poseen un índice de salud más elevado que la gente «normal» que come de manera «convencional», y en caso de que su realimentación fuera higienista o muy sana obtendrían un estado de salud físico-psíquico gozoso. La ayuda psicológica en la línea humanista-transpersonal es importantísima. La desgracia es que en la práctica, estas mujeres, cuando se autoconvencen o las convencen de que deben volver a comer para curarse, se realimentan, en general, con productos antinaturales, altamente proteicos, muy abundantes, … y ello es como una «bomba» para ese cuerpo que ahora (tras la desintoxicación involuntaria) está apto y muy limpio para recibir nutrientes sanos y en cantidad escalonada, como corresponde a la condición biológica del ser humano. Cuando se llega a producir una muerte, se culpa equivocadamente al ayuno de que ha debilitado el aparato digestivo. Realmente, éste se ha recuperado como consecuencia del ayuno estando el peligro mortal en la realimentación «explosiva» a la cual se le somete, y para la que nunca estuvo preparado, o en la actitud mental negativa de la mujer (falta de interés por la vida, idea de suicidio, …) que puede hacer llegar una situación de agotamiento total de las reservas.

Por tanto, repetir que un asesoramiento correcto y una realimentación bien dirigida induciría en la recuperación de la persona.

Cuando una persona realiza una huelga de hambre ocurre algo similar.

Y recordar, por fin, que la falta de regla, y por la misma razón que en la anorexia, es corriente entre las gimnastas y bailarinas que realizan dietas suaves, muy bajas en proteínas, con un índice de intoxicación muy bajo. Pero nadie piensa que están enfermas por la ausencia de menstruación.

Es por todo ello que en Higienismo se llega a afirmar que la menstruación es una «enfermedad».

La anorexia requiere un trato muy especial, delicado. Hay que preparar con firmeza a las niñas y a los padres para la necesaria terapia total. La bulimia nerviosa es mucho más difícil de influir, pues encierra a la vez propia «satisfacción» y «negación». Sumada a la anorexia, el pronóstico de la bulimia es peligroso.

Es una misión apremiante la necesidad de educar terapeutas y acompañantes de estos enfermos, pues estas enfermedades están aumentando de manera vertiginosa en nuestra caduca «sociedad» occidental.

BIBLIOGRAFÍA:

  • Anorexia mental. Gerd Schutze. Edit. Herder.
  • Adicción a la perfección. Marion Woodman. Edit. Luciérnaga.
  • Trastornos del comer. Rosina Crispo, Eduardo Figueroa, Diana Edit. Herder.
  • Los frutos de la virginidad. Marion Woodman. Edit. Luciérnaga.
  • Me siento gorda. Lorraine C. Ladish. Edit. Edaf.
  • Cuando la comida sustituye al amor. Geneen Roth. Edit. Urano.
  • Cómo superar la adicción a la comida. Geneen Roth. Edit. Urano.

DIRECCIONES UTILES:

  • Ramón Carballo. Psiquiatra. Psicología Integral. Madrid. Tfns: 915643257; 918584190; 989018230.
  • Solaris, desarrollo humano. Psicología Integral. Madrid. Tfno: 914420336.

JUAN J. NUÑEZ GALLEGO

MEDICO E HIGIENISTA.